4 de julio de 2011

Angkor, un lugar mágico 

Esta ciudad descubierta accidentalmente en 1860 por el botánico y zoólogo Henri Mouhot, que viajaba con el objetivo de catalogar nuevas especies animales y vegetales está empotrada en la más enmarañada selva de Indochina, al noroeste de Camboya. Su superficie era de 1000 Km cuadrados, y estuvo habitada por los jemer, que profesaban la religión hindú. Fue la capital de un imperio desde el 800 hasta  fines del siglo XVI, cuando las reiteradas invasiones obligaron a huir a la población.

Angkor Thom, es la ciudadela real, que comprende pagodas, grandes avenidas, dependencias reales, plataformas aterrazadas y un interminable etcétera. Angkor Wat, levantado a comienzos del siglo XII, es el templo más deslumbrante, más magnético de todo Angkor.

Angkor Thom es un espléndido lugar para iniciar el recorrido; en el corazón mismo de las ruinas, fue obra de Jayavarman VII, un rey a un tiempo guerrero y arquitecto.

Se trata de un recinto fortificado dentro de la ciudad amurallada, rodeado de un gran estanque y protegido en sus cuatro puertas espectaculares por relieves de trompas de elefantes y estatuas gigantescas de dioses y demonios sobre los que se levanta, impasible, el rostro búdico de Avalakitesshvara, representación de la Compasión.

Sus alrededores están compuestos de más templos, de más y más tesoros. Preah Khan con sus relieves delicadísimos y sus patios concéntricos es una maravilla de genialidad arquitectónica y de proporciones justas. Inolvidable es también Preah Neak Pean, un estanque cuadrado rodeado de otros cuatro más pequeños, y destinado, al parecer, a curas medicinales.

Pero quizás la imagen más nítida, la impresión más turbadora, el escenario más imborrable esté situado en Ta Prohm, el templo más fotografiado y reconocible de Angkor. Literalmente encastrado en la selva, las higueras, ceibas y raíces aéreas estrangulan puertas y ventanas, levantan los suelos y despedazan los techos, de tal manera que piedras, helechos, raíces, bajorrelieves, troncos, esculturas y arbustos forman un todo inseparable y misterioso, cubierto de líquenes y musgos.


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