21 de septiembre de 2011

Cracovia

Antiguo centro político de Polonia, es la ciudad de Europa que mejor conserva su patrimonio. El Castillo Real de Wawel, bajo el que se extiende el casco viejo, con la plaza medieval más grande del continente; su rica colección de edificios renacentistas, herencia de sus años de esplendor; o el antiguo barrio judío retratado en la película “La lista de Schindler”, son enclaves fundamentales que le valieron ser reconocida como Patrimonio de la Humanidad en 1978.

La colina de Wawel se alza en un recodo del Vístula, el río que atraviesa la ciudad. Fue en este pequeño promontorio donde se fundó Cracovia y donde se encuentran dos de sus monumentos más importantes, el Castillo Real, centro del poder desde el siglo XI hasta el XVI, cuando la capital fue trasladada a Varsovia, y la Catedral, escenario de coronaciones y panteón de los personajes más ilustres de su historia.

Quienes estén dispuestos a dejar volar su imaginación pueden adentrarse en las profundidades de la Cueva del Dragón, una gruta subterránea de 270 metros de longitud que, según la leyenda, fue habitada por un fabuloso animal al que el príncipe Krakus, mítico fundador de la ciudad, tuvo que matar para establecer allí su palacio.

Desde la plaza del Mercado, que ocupa cuatro hectáreas, se observan las dos torres de desigual altura (69 y 81 m) de la Basílica de Santa María. No hay que perderse el interior del templo con la bóveda azul de estrellas de la nave central.

Entre los monumentos que adornan la plaza, como la pequeña iglesia románica de San Adalberto, destaca por encima de todos la Lonja de Paños, el antiguo centro medieval de comercio.

El centro histórico de Cracovia es peatonal, lo que permite disfrutar de los pausados recorridos que la riqueza monumental de sus calles merece. Uno de los más recomendables es el Camino Real, que se articula a través de la calle Grodzka y sigue la antigua ruta de los cortejos reales. Éste engloba las iglesias y palacios más interesantes, la mayoría de los siglos XVI y XVII.

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