1 de septiembre de 2011

De Delfos a Meteora

Al norte de Atenas se despliega un territorio lleno de misticismo que sedujo a sacerdotes de la antigua Grecia y Roma, a eremitas, bizantinos y otomanos. El viaje por la costa desde Delfos hasta los monasterios de Meteora se detiene en playas y pueblos de pescadores donde el tiempo no pasa.

A poco de salir de Atenas, una señal en la carretera que conduce a la sagrada Delfos indica,”Monasterio de Osios Loukás”. El lugar es imponente, con el monasterio levantado en una ladera verdísima a la sombra del poderoso macizo de Elikonas.

La construcción conserva el plan arquitectónico original, de cruz griega, y algunos mosaicos realmente deslumbrantes, como los de la bóveda o los del ábside, que la confirman como una de las más importantes obras del arte bizantino en Grecia.

Estamos en Delfos, el ombligo del mundo, el oráculo de Apolo, la morada de Pitia o Pitonisa, la intérprete del oráculo. El santuario según dice la leyenda fue fundado por Zeus en el lugar donde las águilas enviadas por el padre de los dioses señalaron como el centro del mundo.

Pero adquirió toda su importancia a partir del siglo VI a.C. con el culto a Apolo. Se inaugura entonces la época de esplendor y gloria para Delfos. Siglos de fama, de donaciones, de enriquecimiento del templo, de nuevas y continuas construcciones, hasta que el emperador bizantino Teodosio el Grande lo hizo cerrar, prohibiendo unas prácticas que consideraba paganas.

Partir de este punto la carretera se asoma a las aguas del golfo de Corinto, pasa por la amurallada Náfpactos, donde tuvo lugar la batalla de Lepanto en 1571, y tres horas después alcanza Mesolongi, antiguo reino de Epiro.

Un mundo de montañas abruptas, de gargantas vertiginosas, de tradiciones intactas, escondite de bandidos, dominio de Ali Pacha, apodado el León de Ioanina, quien gobernó a su despótica manera, enfrentándose al sultán otomano.

Luego Meteora, donde los primeros eremitas llegaron hacia el siglo XI, pero hasta trescientos años más tarde no se agruparon en un monasterio. Cuenta la leyenda que tal hecho tuvo lugar gracias a san Atanasio, procedente del monte Athos, responsable de la fundación de la primera comunidad y de la primera construcción, Megalo Meteoro o Gran Meteoro, en el lugar inaccesible donde hoy se encuentra, a más de 600 m de altura.

Fue el ejemplo a seguir y los monasterios levantados en la cúspide de los pináculos rocosos se hicieron más numerosos, componiendo un panorama fabuloso.

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