29 de junio de 2011

El Maasai Mara

El espacio protegido denominado Maasai Mara es la reserva más popular de África oriental. Creada en el año 1961, alberga a una de las tribus más legendarias del continente, los orgullosos maasai. La denominación Mara procede del nombre del importante río que cruza este territorio de norte a sur, en su imparable curso hacia el inmenso lago Victoria.

Esta reserva es el lugar donde el concepto de safari, que en nuestra imaginación venimos buscando desde Europa, se hace realidad. La historia del blanco en el Maasai Mara comenzó con los clásicos safaris de caza, entre los años 30 y 60.

Hoy en día también el verdadero cazador se olvida de la emoción de la caza, ya que la cercanía que nos dan aquí los animales salvajes, que han aprendido que el hombre en su todoterreno es un animal más, hace que sintamos otras emociones no menos intensas, como son la contemplación cercana de elefantes, búfalos y leones de melena negra, leopardos y rinocerontes, todos ellos trofeos vivos que permiten acercarnos para sentir tanto su peligrosidad como el privilegio de pasar un tiempo en la intimidad de sus vidas.

Cualquier madre se echaría las manos a la cabeza al ver a su hijo encarar un rebaño de terneros a pocos metros de una manada de leones, o al verle pasar junto a una acacia donde el leopardo le mira impasible mientras cruza por debajo con su rebaño de cabras. En esta tierra, el hombre maasai camina por las llanuras entre búfalos y elefantes, y el respeto reina de una forma extraordinaria y chocante no sólo a nuestros ojos, sino a los ojos de las demás tribus de Kenia.

Los maasai aman y cuidan sus costumbres, sus ceremonias, sus danzas y sus cantos. Tienen una educación extrema en las grandes y pequeñas reuniones. Pueden ser muy largas, pero jamás se interrumpen, ni levantan la voz, ni pierden la paciencia, ni utilizan gestos violentos o agresivos; dejan que cada cual se exprese, hasta que las palabras de los hombre y mujeres más relevantes dan por finalizada la reunión.

Son también extremadamente sensibles y cuidadosos con sus animales; nunca pegan a los perros, ni tampoco a su ganado, al que mueven o carean con silbidos y con gestos suaves utilizando sus varas. Son cariñosos y comprensivos con los niños, a los que saludan poniendo la mano derecha sobre sus cabecitas, mientras ellos se inclinan para recibirlo. Todo un ejemplo para nuestra sociedad intolerante.

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