7 de junio de 2011

Encantos de Palermo

Palermo, capital de Sicilia, tiene esa mezcla de cultura y desorden propia de una capital de provincia meridional. Pero, bajo esa aparente humildad,  la capital siciliana es un collar de maravillas que se aparecen casi a cada paso.

La catedral resume la armonía de ese espesor de tiempos, de pueblos y de cultos. Fue al principio una iglesia bizantina que los árabes transformaron en mezquita durante el emirato de Sicilia (siglo IX) y que los normandos volvieron a convertir en iglesia tres siglos después. No pararían de hacerse agregados hasta que los Borbones de Nápoles, en el siglo XVIII, impusieron un interior de cruz latina y añadieron la cúpula neoclásica.

Más escondida más recoleta y por eso mismo sobrecogedora, es la pequeña Santa María de la Martorana, situada en la plaza Bellini. Este templo es una joya del arte normando medieval, sobre todo por los mosaicos bizantinos de las naves laterales, que parecen una versión modesta de San Marcos de Venecia y que se preservan espléndidos después de mil años de existencia.

El Palacio de los Normandos o Palacio Real fue construido por Roger II a finales del siglo XII y modificado a lo largo de los siglos, y la visita ineludible es la Capilla Palatina, una muestra deslumbrante del arte bizantino del mosaico.

Un recorrido por la isla nos sumerge en un paisaje bordado de riquísima historia: Castellamare del Golfo, primera parada, fue puerto desde época prehelénica; desde su castillo se tiene una vista imponente sobre el golfo y el mar Tirreno. Unos 40 km al noroeste la playa de San Vito lo Capo abarca una bahía en el extremo del cabo Monaco. La situación privilegiada de este enclave, el más septentrional de la isla, lo ha convertido en uno de los centros de veraneo más codiciados de Sicilia.

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