23 de septiembre de 2011

Islandia

La segunda isla más grande de Europa tiene 101.826 km cuadrados y en torno a 330.000 habitantes, con un 11% de su superficie ocupada por glaciares. Uno de los enclaves más bellos de la isla es Landmannalaugar, un valle encajado entre campos de lava, lagos que ocupan antiguos cráteres y montes de riolita, cuyas vetas de tonos ocres pintan de oro y naranja las laderas.

Así, con el mar a un lado y las montañas a otro, se llega al Parque Nacional de Skaftafell, que incluye varios brazos del gran glacial Vatnajökull, por donde se realizan todo tipo de actividades. Una de las excursiones a pie de mayor atractivo lleva hasta la cascada de Svartifoss, con aguas que caen sobre oscuras columnas de basalto perfectamente geométricas, formadas hace millones de años al enfriarse la lava de una erupción.

Otro de los paisajes imponentes del parque es la laguna Jökulsárlón, de orillas negras y con enormes bloques de hielo flotando en sus aguas. Unos vehículos anfibios navegan entre los icebergs y permiten contemplar de cerca las afiladas aristas y las tonalidades del hielo.

La región de Askja, presenta un paisaje de aspecto lunar. Emplazada en la cara norte del glaciar Vatnajökull, de lagos de aguas calientes junto a otros de líquido gélido, nace el caudaloso río Jökulsá, que desemboca en el mar de Groenlandia.

El recorrido por el norte tiene varias paradas ineludibles, la ciudad de Akureyri y la histórica granja Glaumbaer son dos de las más destacadas. Akureyri es la portuaria capital del norte, una ciudad de casas de madera situada al fondo de un largo fiordo.

Es un buen lugar para contemplar el sol de medianoche y saborear la austera cocina islandesa, cuyas especialidades son el hákarl o tiburón curado, de fuerte aroma y sabor, el hardfiskur, pescado seco, que se toma como aperitivo, y el salmón ahumado.

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