18 de julio de 2011

La ciudad de Córdoba

A orillas del Guadalquivir y a los pies de Sierra Morena, Córdoba fue el gran centro de la sabiduría del Occidente musulmán. Junto a la de Damasco, su mezquita se convirtió en la más importante del mundo islámico y pasa por ser la gran joya del arte arábigo andaluz.

Su construcción comenzó por el año 780 por deseo de Abderramán III. Y aunque tiempo después los cristianos levantarían sobre ella la catedral de Santa María de la Asunción, conserva evocadores elementos y rincones, como el Patio de los Naranjos y el bosque de columnas que soportan la cubierta, apoyada en arcos dobles de herradura y de medio punto.

El precioso callejón de las Flores, la Sinagoga, los baños árabes de Santa Marta y la plaza del Potro, donde abre sus puertas el museo dedicado al pintor Julio Romero de Torres, son algunos de esos lugares que invitan a enamorarse de esta ciudad.

También sus patios rebosantes de flores y el fantasioso palacio de Medina Azahara, a las afueras de Córdoba, construido por Abderramán III en el siglo X para recordar a su amada Zahra.

Para disfrutar del atardecer hay que dirigirse al puente romano, pero no porque caiga el sol Córdoba se va a dormir. El cielo ya oscurecido anuncia que es la hora de descubrir lo que nos depara esta ciudad cuando se pone el astro rey.

Durante las noches de julio y agosto algunos monumentos y teatros de la ciudad acogen exhibiciones ecuestres y veladas flamencas. El espectáculo de agua, luz y sonido del Alcázar de los Reyes Cristianos es una forma diferente de repasar la historia.

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