13 de junio de 2011

La Costa Brava

Los veinte quilómetros que se extienden entre Palamós y Begur concentran la esencia más pura del paisaje mediterráneo. En él, el bosque de pinos, las viñas y los olivos llegan hasta el borde mismo de los acantilados: o hasta las calas que, en ocasiones están a un paso de las casas blancas de los pueblos marineros de este litoral, que el periodista gerundense Ferrán Agulló llamó Costa Brava en una crónica de 1908.

Con ese nombre se refería a la franja costera que abarca los doscientos quilómetros que hay entre Blanes sur y Portbou norte, en cuya parte central se enmarca esta ruta. Así bautizó para siempre el que iba a ser uno de los destinos más famosos de Europa.

Desde la década de 1930, los pueblos de la Costa Brava, tradicionalmente dedicados a la pesca, empezaron a ser visitados por artistas internacionales; pero quienes mejor retrataron este paisaje, en las letras y las artes, fueron autóctonos, como el pintor Salvador Dalí, o el escritor Josep Pla.

Cerca de Llofriu está Palamós, un pueblo de pescadores del siglo XIII que sufrió incontables saqueos de piratas, incluido Barbarroja quien lo asoló en 1543. Esta localidad tiene uno de los puertos deportivos más importantes de Cataluña, ya que desde ahí se llega en pocos minutos a calas que preservan su atractivo natural.

Toda la Costa Brava está unida por un sendero paralelo al mar, con enclaves muy interesantes en el interior; pueblos medievales donde al valor histórico se une el atractivo gastronómico y el alojamiento en típicas masías.

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