18 de agosto de 2011

La costa vizcaína

El río Oka forma en su desembocadura uno de los espacios naturales más valiosos de la costa vasca. La ruta entre Bermeo y Gernika descubre, además, largos arenales y cuevas prehistóricas.

Bermeo es la población más importante de la desembocadura del río Oka. Se trata de un antiguo núcleo pescador que tiene un coqueto puerto, con barcos de colores vivos que muestran orgullosos sus proas altas.

Si se visita Bermeo un 22 de julio, fiesta de las magdalenas, se puede ver al alcalde que se sube a una barca, se acerca a la isla de Ízaro que cierra la reserva de Urdaibai, y lanza una teja al mar.

Así deja dicho, de forma simbólica, que las casas bermeotarras llegan hasta allí, es decir que la isla les pertenece, ante las históricas reivindicaciones de la vecina Mundaka.

En la orilla opuesta se encuentran las más famosas playas de Vizcaya, Laida y Laga, que reúnen a bañistas, piragüistas y surfistas, y que muestran unas dunas litorales llenas de vegetación.

Gernika cuenta con un casco urbano bastante nuevo, pues hubo que reconstruir la ciudad tras ser arrasada por un bombardeo en 1937. En este municipio se encuentra el famoso árbol de Gernika, un roble bajo el cual el lendakari, y antiguamente los reyes, debe jurar los fueros, y donde se celebra la sesión inaugural de la legislatura del parlamento vasco.

En la reserva de Urdaibai, que ocupa una superficie de doscientos veinte quilómetros cuadrados, los “vizcaínos” de hace quince mil años cazaban y se refugiaban, mientras pintaban las paredes de sus cavernas con tintes que aún hoy, aunque desdibujados, permanecen.

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