19 de septiembre de 2011

La Selva Negra

La Selva Negra se extiende entre la ciudad de Baden Baden al norte y la frontera suiza, y desde el Rin hasta el lago Constanza. Entre las poblaciones más pujantes se encuentra Friburgo, situada al pie de montañas y asomada a las anchas llanuras del Rin, esta ciudad que apenas supera los 200.000 habitantes fue, desde sus inicios, un importante nudo de comunicaciones para el occidente alemán.

Friburgo es la entrada a los paisajes de la Selva Negra. Las masas de abetos, píceas y pinos en las cotas más elevadas, y los bosques de hayas, robles y abedules en las zonas bajas, hacían oscuros y peligrosos los caminos medievales. Esas rutas umbrías en la actualidad se han convertido en un valioso patrimonio senderista, con miles de quilómetros de vías señalizadas.

El lago Titisee atraviesa paisajes de praderas verdes, casas de campo y pequeños pueblos que preservan su aspecto tradicional. El tramo más espectacular es Höllental (Valle del Infierno), un recorrido de nueve quilómetros encajonado entre laderas de 600 metros de altura que se estrechan hasta formar un desfiladero envuelto por bosques.

En un rincón, la figura de un ciervo en bronce alude a la leyenda del animal que escapó de unos cazadores saltando entre las dos vertientes del desfiladero. En realidad el camino no es tan estrecho, pero conserva la misma belleza que contempló la joven María Antonieta de Austria cuando lo cruzó para casarse con Luís XVI, rey de Francia.

Otro paseo imprescindible es la garganta de Wutach, donde un río recién nacido encajona sus aguas en un paisaje cerrado que permanece protegido desde 1928. Emplazado a 20 km de Titisee, el sendero de  13 km tiene cierta dificultad, pero permite descubrir una gran biodiversidad, con 1.200 especies de plantas y animales. Entre ellas hay 30 tipos de orquídeas, 500 de mariposas, un millar de especies de escarabajos, y hasta cien clases de aves.

Triberg, la ciudad que presume de haber inventado el reloj de cuco es el punto de partida de una de las caminatas más bellas de Alemania. Se trata de la excursión que conduce hasta la cascada de Gutach, con siete saltos consecutivos que descienden 168 metros de desnivel. La mejor forma de completar la jornada es sentarse en el restaurante más próximo para comer unas suculentas costillas y, de postre, pedir la dulce tarta de la Selva Negra, elaborada a base de cerezas y del aguardiente que se obtiene de ellas, el kirsch.

Titisee, Alemania

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