21 de julio de 2011

Las sierras de Ronda

La sensación de que el tiempo se detiene, es constante en la localidad de Ronda, donde cualquier esquina parece sugerir la aparición por sorpresa de toreros o bandoleros. Más allá de este tópico también existe una ciudad que disfruta de la boscosa naturaleza que la rodea y donde la buena mesa es casi una religión.

El famoso Tajo de Ronda, una formidable hendidura excavada por las aguas del río Guadalevín, divide la ciudad en dos zonas. De un lado la Ronda primitiva y musulmana, más rica desde el punto de vista monumental; y del otro, la que creció tras la Reconquista. Entre una y otra se tienden dos puentes, el Viejo, construido en el siglo XVII sobre restos árabes, y el Nuevo, gran obra de ingeniería culminada en 1793.

En la zona más pintoresca y mágica de Ronda, destaca la Casa del Rey Moro, nombre popular de la antigua vivienda del legendario califa Abomelic del siglo XVI; un palacio con jardines cuyo aspecto actual data del siglo XVIII. Más allá está la casa del gigante, otra vivienda musulmana del siglo XIV, y junto al callejón de los Tramposos se erige la iglesia de Santa María la Mayor, inconfundible por su torre que fue alminar de una mezquita.

A 22 Km de Ronda, está Benaoján, donde todavía quedan en pie vestigios de su pasado árabe como la Torre del Moro. Cerca del pueblo se pueden visitar dos cuevas. La de la Pileta, que alberga pinturas prehistóricas consideradas el mayor conjunto de arte rupestre paleolítico del Mediterráneo; y la cavidad del Gato, actualmente una de las travesías espeleológicas más importantes de Andalucía, famosa por las formaciones geológicas que las aguas subterráneas del río Gaduares han ido labrando a lo largo de los siglos.

Así son las montañas rondeñas que el viajero y escritor británico Somerset Maugham describió en su libro “Andalusia sketches and impressions”, “abruptas y soberbias como Titanes petrificados”.

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