26 de septiembre de 2011

Nueva York, seguridad y trato

A pesar de su reciente fama de que Nueva York es una ciudad menos peligrosa que antes, hay muchas zonas que siguen siendo igual de arriesgadas, y los visitantes no deben dejarse engañar por una falsa sensación de seguridad.

Malhechores que viven de aprovecharse de los incautos se apresurarán a aprovechar su descuido, así que mejor adoptar la pose de estar espabilado y atento en todo momento.

Las exhibiciones ostentosas de joyas y riqueza atraen a los atracadores; las excursiones imprudentes por la noche a zonas desiertas, como Central Park o Battery Park, tampoco son recomendables.

Cierre la puerta de su habitación de hotel, cuando esté dentro, y visite los barrios más desfavorecidos como Harlem o Alphabet City, en grupo. Y aunque Times Square se ha sacudido su fama de espacio sórdido, las calles de alrededor atraen aún a carteristas.

Aunque los metros son mucho más seguros que antes, los que viajen a la última hora del día deben ir con cuidado. Una vez pasado el torniquete, manténgase a la vista de la taquilla, o al menos donde puedan oírle; y al subir al tren busque un vagón con otros pasajeros.

Los neoyorquinos tienen fama de bruscos y de andar sin rodeos. Es una generalización, claro, pero no sin fundamento. Esta es una ciudad de ritmo acelerado. La firmeza en el trabajo suele valorarse más que la amabilidad.

Es también una ciudad de una diversidad extraordinaria. Y si los neoyorquinos no son ningún ejemplo de hermandad universal, logran convivir de modo que impiden que la ciudad se rompa por sus costuras; tal vez por eso es la ciudad más estresante del mundo.

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