mayo 12th, 2011

Cocina checa


Desde la revolución de terciopelo en 1989, Praga se ha convertido en una de las ciudades más visitadas de Europa. Pese a que ha invertido en nuevos hoteles, apenas satisface la demanda, ya que los establecimientos son tan elegantes como cualquiera de los europeos, e igual de caros.

En cuanto a la cocina checa, lo más característico es la carne en salsa; por lo general ternera o cerdo, servida con buñuelos salados, patatas o arroz. La carne, aves, pescado, col y patatas, se preparan de forma sencilla y sin especias fuertes.

En ocasiones especiales, el plato fuerte consiste en carne de caza, venado, jabalí o perdiz. Las raciones suelen ser copiosas, y un plato principal puede constituir una comida por sí solo.

La carne más consumida es el cerdo acompañado de buñuelos salados y chucrut. Los buñuelos se sirven con casi todos los platos calientes en salsa. La sopa caliente es la entrada tradicional, y abarca desde los caldos con buñuelos de hígado, hasta la sopa de coles con salchichas.

La sopa más popular es la de verduras, guisantes, patatas, coliflor, col o tomate, aunque desgraciadamente las comidas rápidas ven desplazando rápidamente estos hábitos alimenticios.

mayo 6th, 2011

Praga


Parte de la agitada historia de Praga se conserva en los edificios que rodean la plaza de la Ciudad Vieja. El lado norte está dominado por la fachada blanca de la iglesia barroca de San Nicolás. El lado este ostenta dos magníficos ejemplos arquitectónicos de la época: la casa de la Campana de Piedra, restaurada en su estilo gótico original, y el palacio Golz-Kinsky.

Una hilera de casas coloridas de origen románico o gótico, con fascinantes enseñas distintivas, realza el lado sur de la plaza de la Ciudad Vieja. La manzana que queda entre las calles Celetna y Zelezna resulta particularmente atractiva.

La plaza siempre ha sido muy frecuentada; actualmente ofrece al visitante un centro de información turística, así como numerosos restaurantes, cafés, tiendas y galerías.

Libre de tráfico y rodeada de edificios históricos, la plaza de la Ciudad Vieja, figura entre los más bellos espacios públicos de toda Europa.

Franz Kafka, autor de dos de las novelas más influyentes del siglo XX, El Proceso y El Castillo, pasó gran parte de su corta vida en la ciudad vieja.